Bailando entre PARADOJAS

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      Una paradoja significa ‘lo contrario a la opinión común’ es una idea extraña opuesta a lo que se considera verdadero a la opinión general. Una proposición en apariencia falsa o que parece contraria al sentido común pero no conlleva una contradicción lógica. Es en retórica, una figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que implican contradicción.

    Hay muchos tipos de paradojas: las hay serias y cómicas, científicas y banales, dudas existenciales o simples juegos de palabras.

       No sé si se han dado cuenta, si no os lo digo yo. Sordos que componen la mejor música, catadores que no tienen paladar, compresas que se dilatan y dilatas que más tarde se comprimen. Se dice que la excepción confirma la regla, pero lo excepcional es que se tenga una falta (al menos, en lo que a menstruación se refiere). Separado se escribe todo junto y todo junto se escribe separado. Como dicen mis dos paradójicas libretas de Ale-hop:

1- Las cosas grandes empiezan siendo pequeñas.

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2 – A veces el camino equivocado te lleva al lugar adecuado.

 

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   En El Principito vemos alguna paradoja en cada uno de los planetas donde visita a la persona que los habita: 1) Visita el planeta habitado por un bebedor que bebe para olvidar la vergüenza que le produce ser un bebedor, 2) también se presenta ante un anciano geógrafo que nunca ha explorado el mundo más allá de los libros. 3) Además visita a un vanidoso que se preocupa más de que le admiren (aunque no sabe bien para qué) que de vivir su propia vida y realmente realizar algo que sea digno de admiración. 4) Y para no aburriros más, viaja al planeta de un hombre de negocios que colecciona estrellas (como metáfora de dinero -porque se puede ser muy pobre teniendo mucho dinero) pero no sabe para qué lo hace, como el que pierde todos sus días en ganar más y más, sin tiempo para gastarlo ni disfrutarlo, sin estar en lo realmente importante.

He aquí la paradoja de la ceguera:

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      Nunca está de más una buena frase:
Atribuida a Bruce Lee (como otras tantas, jajaja): -“Si amas la vida no pierdas el tiempo, porque de tiempo está hecha la vida”-
Y una que da que pensar de la diseñadora Coco Channel: -“Las mejores cosas de la vida son gratis. Las segundas mejores son muy, muy caras”-.

Muchas veces para el gran público el más cuerdo y sabio, aparenta ser el más loco, igual que muchos ríen un comentario a determinadas personas (por popularidad, riqueza o belleza) mientras un comentario igual o mejor dicho por otras personas con menos popularidad pasa desapercibido. Muchas veces el empleado que más sabe es el que menos cobra y el que menos sabe es el jefe. Una idea genial se puede morir de hambre, mientras otra que es absurda triunfa. Todos hemos dicho indignados mientras estudiamos algo así como: parece que cuanto mas estudio menos sé y es que al mismo tiempo cuanto más preguntas respondemos, más preguntas nos hacemos. Porque sí, el hombre sabio busca respuestas y encuentra preguntas. ¡Bravo!

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     “La tecnología nos acerca a los más lejanos y nos distancia de los más próximos” (Michele Norsa).

    “Sufrimos demasiado por  lo poco que nos falta y gozamos poco de lo mucho que tenemos” (William Shakespeare)

     Es común que lavemos las toallas con las que secamos nuestro cuerpo limpio, como también los secretos a voces, o como que el cornudo es el último en enterarse. Tanta gente sin casa tanta casa sin gente, tanta comida para unos pocos y tan poca para tantos. Porque la mejor improvisación es ¡la que se PREPARA! Contradicciones y cosas inexplicables everywhere!

     Como pasa cuando te pierde la codicia de las rebajas, el que compra 3 cuando necesita 1 producto (aprovechando un 3×2), al final acaba perdiendo más dinero aún aprovechando una oferta o el que busca ahorrar yendo a una gasolinera o un restaurante más baratos, pero más lejanos y como el gasto de la gasolina parece pasar desapercibido, pues pueden terminar gastando mucho más. Porque el fenómeno de los robos hormiga (hurtos de poco valor, pero que, al hacer recuentos, el robo total alcanza un gran valor) tan típico de supermercados, se da en nuestro día a día. Igual que evitamos pagar impuestos, pero luego pedimos al Estado ayudas para todo. Así somos. Y hablando del Estado, también tenemos la paradoja del votante: cuantas más personas participen en una elección por votación, menos beneficioso será ir a votar, ya que cada votante es menos decisivo.

En ciencias hay muchos fenómenos paradójicos, Una fase del sueño, denominada fase REM (rapid eye movement) o de sueño paradójico: nuestro cerebro está en plena actividad (es la fase durante la cual soñamos) , mientras que nuestros músculos se encuentran “bloqueados” (no podemos movernos). Se llama fase REM debido al constante movimiento de los globos oculares, que sí se mueven.
Cuando baja tu temperatura corporal de forma intensa y tienes la llamada hipotermia, puedes sufrir un fenómeno conocido como “desnudo paradójico o desvestir paradójico” producido tanto porque puede haber una falsa sensación de calor como por las alteraciones cerebrales producidas en hipotermia.

    También, el jabón que ayuda a limpiar la grasa viene de la saponificación de acidos grasos… Incluso el cuerpo en el cadáver, bajo determinadas circunstancias muy concretas de humedad y de alcalinidad, puede formar la “adipocira”, una especie de jabón obtenido por la saponificación de nuestras propias grasas, pero eso ahora no viene al caso.
Las vacunas lo son, haciendonos inmunes a un microorganismo cuando te itroducen ese mismo microorganismo entero atenuado, o fragmentado.
También en pseudociencias, como la homeopatía, cuyo principio se basa en tomar una sustancia (a concentraciones ridículas) que producen un síntoma igual a la enfermedad que pretenden curar.

     Tengo muchísimas paradojas apuntadas, algunas aparecen cuando menos lo espero y siempre son motivo de risa cuando surgen en mitad de la fiesta. Aquí es muy frecuente la paradoja de la cercanía, que es que cuando se organiza algo muchas veces el que vive más cerca es el último que llega (por la seguridad de estar al lado) y el que vive lejos llega puntual, o la de la prohibición: así cuanto mas te prohiban más harás lo prohibido, incluso desde niños. Cuanto mejor estamos, más queremos (y al fin y al cabo es señal de que queremos seguir mejorando y no estancarnos) pero para ser justos hay que reconocer también que cuanto más damos, más recibimos.

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     Como leí en algún libro de Jorge Bucay: ¡Cuidado con los expertos! Pueden ser capaz de lo mejor y lo peor y desde luego, un experto puede ser el principal freno al progreso en un campo. Si miramos a lo largo de la historia, grandes mentes que han visto lo que el resto no fueron capaces (casos de Newton, Galileo, Wegener o Darwin) siempre fueron burlados por sus colegas de profesión (expertos que no tenían ni idea). Porque cuando crees saberlo todo y no abres la mente, estás perdido.

    En el cariño quien más te quiere te hará sufrir y en el amor, puedes sentir el impulso de verla todos los dias y al mismo tiempo de no querer verla nunca más. Porque al fin y al cabo todos venimos del polvo (sí, ya sabéis a lo que me refiero) y en polvo nos convertiremos. Si les gusta más el final que el principio de esta entrada es normal, dicen que lo que mal empieza bien acaba. Y es que no hay mal que por bien no venga, ¿o no?
Porque un FINAL FELIZ, también suena a paradoja.

 

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     Aquí adjunto unos “mandamientos” que podéis desobedecer perfectamente, pero la contradicción seguirá estando.

     Por último añado dos paradojas matemáticas, explicadas muy bien en la mismísima wikipedia:

La paradoja del cumpleaños establece ¿Cuál es la probabilidad de que dos personas en una reunión cumplan años el mismo día? Pues dice que si hay 23 personas reunidas hay una probablidad del 50,7% de que al menos dos personas de ellas cumplan años el mismo día. Para 60 o más personas la probabilidad es mayor del 99%

Paradoja de los dos sobres: Uno de los sobres contiene el doble de dinero que el otro. Sin importar cuál de los dos sobres esté en mi poder, las probabilidades siempre indican que es favorable cambiarlo por el sobre restante. Pero no os alegréis, siempre seguirá teniendo más probabilidades el que no tengamos en nuestra mano, aunque hayamos cambiado.

     Las paradojas son útiles en todos los ámbitos como herramienta de reflexión, mostrando la complejidad de la realidad y ayudando al avance de la ciencia y demostrando las limitaciones de la comprensión humana.

 

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Puzzle de dos piezas

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Basalto ardiente del volcán emana
Toma vida el libro sibilino
Mana el río, diamante cristalino
brota firme esta planta temprana

Puzzle en dos piezas, de madre artesana
Un viaje eterno cuyo destino
Son ellos, creadores del camino
Anfitriones de la noche lozana

Pasión desbocada, incesante fuego
Amantes que saben querer ahora
Y no arriesgan dejarlo para luego

Y hasta el último rincón exploran
Pues en el amor, como en todo juego
Suelen ganar quienes menos ignoran

Béntor R.G.

Tu espejo

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Nunca sabrás lo mucho
que agradezco tu presencia
Consigues darme color
Transformas mi esencia

A medida que te acercas
Parece que te creces
Si te alejas lo suficiente
Incluso desapareces

Si te da miedo tu sombra
Haz caso a mi duende
Tú me das lo que no se compra
Yo te doy lo que no se vende

Viniste con prejuicios
Mi labor fue descifrarte
Eternamente tú serás,
mi mayor obra de arte

Deja que tu luz brille en mí,
Es un doble favor:
Yo te veo a tí
Y tú te ves mejor

Ya lo sabes,
Soy tu mejor espejo,
Y pudiendo ser cualquier cosa
Soy siempre, tu mejor reflejo

Béntor R.G.

imagen de Mirarte en el espejo y salir corriendo a felicitar a tu mamá   imagen de el espejo retrovisor es tan pequeño Porque nuestro pasado no es mas importante que nuestro futuro.

Correspondencia al cielo

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     Dentro de poco no recordarás ni tu nombre, e incluso peor, comenzarás a olvidar el de los que quieres aún y el de los que tanto has amado. Desde que todo esto empezó, hiciste camino sin mapa ni memoria hasta que tu cuerpo dijo basta y prefirió la comodidad de una cama. Tu cabeza olvida a más de 120 km/h. Es duro y paradójico ser consciente de que se te está yendo la cabeza, cuando de nada eres ya consciente. Pero incluso más duro es intentar convencer a los demás de que todo sigue igual, o intentar autoconvencerte de que es el mundo el que se ha hecho más complicado.

     Llegó el duro Otoño en tu cerebro que poco a poco se fue deshojando, pero supongo que tu familia permaneció oculta entre los pliegues del mismo hasta el final. Nos difuminamos en la inmensidad de tu cerebro, como se difuminan también los contornos de la realidad  al beber una copa de más.

     Siempre fuiste más de hacer que de pensar, y mira que pensabas. Más de sentir que de decir, y mira que decías y sobre todo. Y nunca te quejaste, y mira que tenías motivos. Pero sobre todo, lo que mejor se te daba era querer. Y es que… como me dijo tu hijo “algún día te darás cuenta que lo importante, lo único importante que hay en la vida es querer, querer de verdad”

     Un bocadillo con tabletas de chocolate, un constante plato de carne y papas, el del pescado y sus chicharros; Y cada dos por tres, chicharrones, las truchas navideñas, las rebanadas de Semana Santa, el quejido de un café sobre una cocina de gas; un partido de fútbol familiar en el pasillo de arriba mientras tú seguías “traquinando” (trajinando); una vuelta por el cantero, un acebuche que no se aclimató a Arafo, regando en el portugués o cogiendo naranjas en el majano con tu querido hijo; cartoon network, fox kids, el tenderete; el tute, la ronda, el burro; el flichi flichi, el qué dirán, visitas a “casa Concha”, las flores del patio, un cuento para dormir, una canción para soñar, el juego de “a ver quién se duerme primero”. Siempre recordabas los cumpleaños de tus nietos aún sin facebook,  brindo por los días que enfermaba e iba a “ponerme bueno” a tu casa en lugar de al colegio, y me río por esa forma de darme dinero que envidiaría el mismísimo Pablo Escobar.

     Sólo deseo que sepas que tus últimos años físicos (donde ya tu esencia no estaba) fuiste cuidada como la reina que eras por tus hijos. Y como el ser humano tiene tendencia a quedarse con lo último, espero que esos últimos años nunca ensombrezcan toda una vida donde fuiste todo un generador de luz; y el mayor ejemplo de bondad que en mi vida he conocido. Ahora sin duda estarás en el cielo que siempre creíste, en tu cielo…

     He esperado a escribirte hasta que finalmente creí que tenía un texto a tu medida. Y como dijo Napoleón: la grandeza no se mide de los pies a la cabeza, sino de la cabeza al cielo.

La zona de confort siempre estuvo maldita

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Hay que mejorar, hay que mejorar continuamente. Para ser justos, también se espera más de tí cada año que pasa. Pero lo digo porque hay que mejorar para aprovechar al máximo tu estancia aquí, para ser más atractivo, para ser esa especie mejor adaptada que sobrevive y por el simple hecho de ser tu mejor versión. Y es que el esfuerzo siempre gana, siempre destaca frente a la pasividad, al igual que las estrellas no brillarían si no hubiese oscuridad. ¿No habéis oído que cuanto más hacemos, más podemos hacer?, Por esa misma razón la gráfica del aprendizaje es exponencial. Al principio por mucho que estudiemos, o trabajemos, seguimos sin saber gran cosa, pero pasado un punto gatillo, lo nuevo que aprendemos lo relacionamos con lo que ya sabemos y todo se hace mucho más fácil. Así que si no te rindes y sigues y sigues… tendrás una recompensa digna.

Yo siempre creí (y sigo creyendo) que si alguien me brindara la oportunidad de desarrollar todo mi potencial a gusto, no soltaría a esa persona.

Un amigo es ... El que oye la melodía de mi corazón y me la canta cuando me falla la memoria

Un amigo es un regalo que te das a ti mismo, porque entre otras cosas los amigos te hacen más interesantes, te aportan cosas, te obligan a mejorar o si no te quedas atrás (generando lo que nosotros llamamos la presión social), te permiten ir a sitios donde sólo nunca irías, incluso te realzan cuando estás en una mala racha y te hacen vivir experiencias y anécdotas épicas. Estamos de acuerdo que estando sólo podrías vivir también cosas increíbles, pero al no tener con quien compartirlas, siempre sonarán menos espectaculares. Debe ser una verdad dura de asumir para los muy solitarios. Porque desgraciadamente, al vivir en sociedad, parece que muchísimas veces, lo importante no es haberlo vivido, sino poder  contarlo.

Los amigos son la familia que yo mismo elegí, y ellos al igual, me eligieron a mí. Y como dice Don Vito Corleone en El Padrino: la familia es lo más importante”. Y cuando hablo de amigos no hablo de colegas, ni conocidos, ni compañeros de deporte o de fiesta.

     Mis amigos y yo siempre decimos que los grupos de amigos caben en un coche. De hecho, desde que sean más y uno se quede fuera para los planes, ya todo son problemas. Aparte, teniendo más de 5 amigos de verdad corres el riesgo de mal-atenderlos a todos. Así que en nuestra opinión es tan arriesgado tener pocos, como tener muchos. Además, en una multitud pasas más desapercibido, y no creo que esa sea la idea. Con pocos amigos por el contrario, corremos el riesgo de desarrollar dependencia y aguantar lo inaguantable, además de que es más probable quedarse sólo. Y como todos sabemos o deberíamos saber: sólos sómos vulnerables, estamos muertos, sólos estamos perdidos.

     Hace nada, en “El Rincón de Pensar” oía a Vanessa Martín decirle a Risto Mejide que ella ha dejado a la inmensa mayoría de sus ex-parejas (que a priori podría parecer un comentario bastante sobrado), a lo que Risto respondió: “cualquiera diría que no sabes lo que quieres” y ella magistralmente le dijo “precisamente por eso, porque sé lo que quiero”. Epic Win para la señorita.

Ser igual de selecto para las personas con quienes quieres compartir tu vida es arriesgado. Puedes encontrar un grupito con quien salir y una pareja con la que estar, sin más… y vivir en la dichosa zona de confort… O puedes encontrar un grupo de amigos a los que siempre desearías ver y dejar fluir las horas, borrando de la agenda los demás planes, porque sabes que ninguno va a superarlo. O puedes encontrar a esa persona que te haga vibrar (puede que la encuentres o puede que no, pero es de valientes intentarlo) Una persona que te quiera devorar en cada momento, no importa la hora, no importa el lugar. Que le gusta tal como eres, que sabe que no eres perfecto, pero también sabe que él/ella tampoco. Y que se enamora de tus defectos y es ahí cuando ella la que te convierte en perfecto. Que no tiene horarios, que retrasa tooodo lo demás por estar contigo y se pasaría el día contigo, y sobre todo, que así te lo sepa transmitir;  que se enamore de ti por dentro, ya que la carcasa cambia, que sepa ver que eres como un huevo kínder, que dentro tienes una sorpresa por muy bueno que esté el chocolate… Que sea una loca, loca por vivir, por hablar, por salvarse, que lo desee todo al mismo tiempo, que nunca bostece (o al menos no demasiado), que se arriesgue, que se queme, que explote.

“Que sea los brazos donde se acunan mis sentimientos; el agua fresca donde se calma mi sed; que sea mi timón, mi vela, mi barca, mi mar, mi remo; que sea por la forma de ser conmigo, lo que más quiero”.

 

Soneto 126. Lope de Vega (caligrama)

 

Creo que tú eres fruto de esa esfuerzo que comentaba al principio, creo que eres algo que antes no hubiese entendido y que ahora soy capaz de ver, eres la señal de que he crecido y de que he hecho muchas cosas bien. Y creo que sin ese esfuerzo tú tampoco me conocerías, ni te hubieses fijado en mí. Tú me ayudas a mejorar y de verdad creo, que yo también te mejoro a tí.

Momentos mágicos

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     La entrada de hoy es muuuy simple. También el día a día es una aventura y hasta en las cosas más cotidianas podemos encontrar el placer, aunque sea por unos segundos. Ahí va una lista más o menos cronológica de los placeres de un día cualquiera:

   -Despertarse tarde no le disgusta a casi nadie (aunque haya quien se consuele con eso de “a quién madruga Dios le ayuda”), pero una de las mejores sensaciones es la de despertarse, pensar que tienes que salir de la cama por alguna obligación, y de repente darte cuenta que puedes dormir un rato más. Esa sensación de despertarse y saber que puedes seguir durmiendo (bien porque aún son las cinco de la mañana, afortunadamente, o porque es día festivo) es incomparable.

   -Ya que el tiempo que duermes es “tiempo perdido”, a todos nos gusta que en ese inevitable tiempo en stand by… podamos soñar algo impresionante, una aventura épica, algo absurdo, algo gracioso, una idea definitiva para algún proyecto, una fantasía, o un sueño más caliente dónde, cómo y con quien quieras… Claro que si te gusta el terror, también te gustarán las pesadillas. En el mundo de los sueños, como en la vida misma, gana el que con más cosas disfrute.

   -Que la tapa del váter esté calentita, o la almohada este fresquita. Las nalgas están a una temperatura, y protestan si no les das la adecuada, y generalmente el calorcito lo agradecen. Al dormir en cambio damos muchas veces la vuelta a la almohada para mantener fresca nuestra cabeza.

   -Ducharse con agua calentita cuando hace frío, con agua tirando a fresca cuando hace calor, y el agua tibia casi todo el tiempo (al gusto de cada uno, porque el concepto de tibia varía sorprendentemente de una persona a otra, ¿o es impresión mía?)

   -Encontrarse una pipa que ya está pelada, hacer una tortilla y que quede bien redonda (como dice el nuevo tema de efecto pasillo) o tener algo al fuego e irte a hacer otra cosa, olvidarte, y justo cuando te acuerdes llegues en el momento exacto para que no se eche a perder. Y desde luego lograr que la comida te quede ni muy hecha ni muy poco, ni salada ni sosa… Y reconóceme que deshacerte de un hilo de carne o de pescado que se te haya trabado entre dos dientes y que parece que se te ha incrustado a la encía para no salir jamás puede ser tan frustrante, que el momento en que te lo quitas se convierte en uno de los mejores de tu día. Muy similar a cuando consigues sacarte esa molesta astilla o un pico de algún cactus, alguna penca o alguna de esas plantas importadas directamente desde el infierno.

*Especial mención a remojar el pan en salsa…

   -Si, si… nada de eso está mal, pero incluso cuando bebemos (y no me refiero a las mezclas de tus días más locos), sino cuando la tremenda sed se apodera de tí y te hace creer que la deshidratación y el desmayo es el siguiente paso lógico… consigues algo líquido (véase agua, refresco, bebidas energéticas, incluso leche si no queda otra…)  Pero recuerda que fuiste tú quien quiso meterse en la clase de spinning, o en baile, o se metió en CrossFit porque es trendy, así que básicamente te fastidias… o llevas la típica botella con el papel desgastado por los mil usos o estás condenado a mendigar a alguien para vivir esa enorme sensación del líquido recorriendo por tu garganta y todo tu cuerpo al unísono haciendo de esponja y sacando el máximo provecho a cada gota.

Y eso está muy bien, pero también da cierto gusto el simple hecho de oír “clac” al abrir una lata de refresco o que se te haya acabado algún ingrediente, y cuando ya lo das todo por perdido, lo encuentras en el fondo del estante (típico en latas de atún, o botes de ketchup y mayonesa…)

   -Desnudarte cuando llegas a casa o ponerte un pijama calentito. En definitiva, sentirte a gusto y libre, ¡coño!, que para eso es tu casa ¿no?

   -Si eres como yo, y te crece el pelo rápido típicamente irás al peluquero. A mí y a muchos chicos, la sensación al pasarnos la máquina nos da gustirrinín, y también (si es el momento de cortarte el pelo bien corto), se produce un claro regusto al pasarte los dedos al terminar, y si es tu pareja o tu amigo el que se lo ha cortado, también podemos experimentar ese placer. Lo mismo podría pasar con una barba de algunos días. Todos tenemos nuestra textura. Desde luego yo prefiero los milímetros suficientes para que se pueda desplazar el pelo pero que pinche, ni muy largo ni rasurado… pero todos tenemos nuestra textura y tamaños favoritos.

   -Oír música le gusta a todo hijo de vecino, y si no es que eres vecino de algún hijo de alguien… al que le da por poner música de madrugada. Así que escuchar esas canciones que tanto te gustan te pone los pelos como escarpias (como cuando oyes la banda sonora de ESA película) y no finjas que no te pasa.

-Que haya batería suficiente en el móvil (de lo contrario, el mal humor se apodera de tí). Lo mejor, tener una batería portátil y ahorrar disgustos.

   -Ver las cosas ordenadas en general se agradece, pero requiere constancia. Si no tienes paciencia, estás condenado a que sea un placer efímero, ya sabes lo que me refiero: sólo recoges las cosas en esos días de vacaciones que tienes más tiempo y piensas que va a estar así el resto del año, iluuuso.

   -Gustarle a alguien, una buena sensación ancestral muy lógica. Sentirse deseado o que alguien intente ligar contigo te sube el autoestima, y si lo tienes alto y aunque no necesites gustarle a nadie, siempre te quedas mejor así que nunca resta. Por esa regla de tres, de vez en cuando podemos fácilmente subir el autoestima de muchas personas que lo necesitan de forma fácil.

   -Si todavía usas al niño que llevas dentro, reconocerás que es un gustazo que te toquen muchos mentos de fresa (y no los de limón ni de naranja), muchos skittles rojos o verdes y demás paranoias individuales, pero ya sabéis por dónde voy.

   -Hacer ejercicio para la mayoría es un fastidio.  El ex-campeón de los pesos pesados Muhammad Ali dijo: “Odié cada minuto de entrenamiento, pero dije, ‘ No renuncies. Sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón” pero no se refirió al gustazo que da cuando terminas de hacer ejercicio. Por un lado sientes el alivio de terminar de sufrir, y por otro sientes que estás haciendo una buena inversión a largo plazo en tu cuerpo, tanto a la vista de los demás como mejorando tu salud.

 -Cuando logras cumplir una promesa que te habías hecho o una meta en la vida que has superado (esto no pasa todos los días, eso está claro), te llenas de orgullo y satisfacción… Pues imagínate entonces si nos marcamos pequeñas metas todas las semanas o todos los días, podemos aumentar nuestra barra de felicidad constantemente.

   -Aunque seamos sociales, a todos nos gusta evadirnos algún momento, o tener algún sitio privado al que ir en pareja, o sólos, o con amigos. Algo que les resulta propio, tanto para celebrar (hay mucho que celebrar) como cuando las cosas no van bien y quieres desahogar. Si tienes ese o esos sitios sabrás lo que digo, si no puedes intentar buscar alguno.

   -Desde luego mear da gusto. Si, y cagar también. En ocasiones cuando nos sentimos vacíos intentamos que algo nos llene, por el contrario cuando estamos muy llenos a veces sólo pensamos en vaciarnos. Estar llenos aquí como habréis podido imaginar podría ser el símil de tener estreñimiento, o llevar cinco horas aguantando las ganas de orinar.

   Si, como yo, disfrutas de cada pequeño momento del día a día, casi todo te será familiar y por lo menos algo te sacará una sonrisa.

“Titulitis”

     El sufijo –itis indica inflamación. Y es que la titulitis es eso, la inflamación del título. En Grecia y Roma, un tal Celso describió que la inflamación siempre va acompañada de unos signos y síntomas característicos: calor, rubor, dolor y tumor (entendiéndose por este último, simplemente un aumento de volumen del tejido inflamado, no confundir con un cáncer).

     Teniendo en cuenta esto, veremos cómo en la sociedad actual, y en nuestro país especialmente, un simple título universitario “engrandece” (como lo hace el tejido inflamado). Lo gracioso es que a terceras personas el título de alguien le puede causar dolor (por envidia), calor (por excitación) y rubor (por vergüenza propia). Así que no parece tan alocado que el tema de hoy lo denominemos justo así, “titulitis”.

     No nos engañemos, en una carrera universitaria o en un ciclo de formación profesional, cuando un alumno “A” saca la carrera o el ciclo año a año se le pone en un pedestal. Cuando un alumno “B” tarda un par de años más en terminarla, se le baja del mismo. Ni siquiera a priori se tienen en cuenta los conocimientos de uno y otro, el alumno A, puede haber ido sin saber malamente el temario, a por el cinco; el alumno B, por su parte, ha ido a todos los exámenes sabiéndose el temario, y tener de nota media finalmente, un notable.

Las notas en teoría son una aproximación a lo que sabemos. Pero en ocasiones esta aproximación es ficticia. La verdad es que estamos acostumbrados a que las notas no representan lo que sabemos (para bien o para mal). Por ejemplo:

  1. A) si el examen es test o desarrollo, se pueden aprobar exámenes gracias a preguntas recopiladas de otros años, que se repiten constantemente. En los test hay una serie de “truquitos” que suelen ayudar a responder correctamente pese a no saber de antemano la pregunta.
  2. B) Si el examen es oral, además del carácter subjetivo (puesto que no examina siempre la misma persona, estamos sometido al carácter y a los inevitables prejuicios de quien pregunta), las cuestiones son muy variables, el contenido puede estar recogido en los apuntes de clase o no. En fin, todo muy random.

    El modelo de alumno brillante, en mi opinión, es un alumno que no va a una prueba con la idea inicial de sacar la máxima nota, va con la idea de entender el máximo contenido del temario. Eso no quita que es inteligente mirar las preguntas repetidas y aprovecharse del sistema en lo posible.

   En la sociedad de la información alguien que no estudia, por ejemplo, la carrera de medicina, enfermería o alguna ingeniería, puede por su cuenta (con vídeos, textos, apuntes, páginas web y bibliografía adecuada e incluso alguna clase particular), saber más que el que aquel está inscrito en dichas carreras.

     No obstante quien tiene el certificado que acredita que ha terminado un curso o un ciclo, o una carrera, tiene mucha más credibilidad ante los demás (personas de la calle que le preguntan en relación a lo estudiado) y es visto como poseedor de unos conocimientos más solidos y por si fuera poco, tiene muchas más salidas profesionales. Y el que lo ha aprendido por su cuenta, o se resigna a sacar la acredditación de la misma forma o está condenado a asumir que su esfuerzo ha sido en vano. Es lamentable. No se valora el conocimiento, se valora el título.

     Hay distintos tipos de alumnos universitarios: 1) Los que buscan el reconocimiento social, creyéndose superiores sobre los demás. 2) Los que lo hacen porque su vocación implica dichos estudios universitarios 3) Los que simplemente lo hacen por aumentar su formación 4) Los que quieren una vida de película universitaria americana (desde luego por otros motivos que tienen que ver poco con los estudios).

***Recomiendo encarecidamente numerosos blogs que dedican entradas a “tipos de alumnos universitarios” para echarse unas risas.

     Merece especial mención cómo las personas mayores sobrevaloran a las personas con estudios. La abuela orgullosa porque su nieto es ingeniero, o porque su sobrina-nieta es arquitecta, o retorcidos parentescos que manifiestan orgullo por pertenecer al entorno de alguien que “ha llegado lejos” en este modelo de sistema educativo. Todos vemos como cuando alguien con estudios se equivoca en algún tema banal que no tiene por qué saber, los mayores se sorprenden porque ¡claro, eres una persona de estudios y no lo sabes! ¿Cómo es eso posible? No obstante ellos que bien no tuvieron la oportunidad, o bien eligieron trabajar en lugar de estudiar, sí que lo saben. Hablo de abuelos porque es un ejemplo familiar pero eso lo vemos también en generaciones posteriores.

En serio, tener estudios no te hace sabio en todo por ciencia infusa.

  Si hablamos de másteres, doctorados y cátedras (en caso del profesorado) vemos aún más el sentido de superioridad respecto a los que sólo terminaron el grado o los que tienen un ciclo, por no hablar de los que no tienen estudios. La realidad es que estas especializaciones te forman en campos muy concretos. Los que sólo hicieron grados, o ciclos, o trabajaron desde jóvenes, han aprovechado el tiempo en hacer otras cosas (porque TODO forma, algunas cosas más y otras menos) en distintos campos, y puede superar en líneas generales al catedrático. Eso sí, va a tender a cobrar mucho menos porque en la jerarquía del absurdo sistema educativo está muy por debajo.

   También vemos como dentro del mundo universitario, alumnos de determinadas carreras se sienten superiores a los de otras, algo inevitable. Sin embargo vemos cómo se regocijan de ello, por envidia o por maldad. Es la guerra de las titulaciones, se da dentro de la misma carrera y se da entre las distintas carreras. Está claro que no todas tienen la misma complejidad, pero hay que ir más allá… fuera de la carrera, para valorar a la persona y su productividad. Cuando se contrata a una persona, se contrata un sistema muy complejo y diverso de conocimientos y habilidades a muchos niveles.

     Nadie duda que en todo trabajo hay que hacer las cosas bien, no por ser muy sociable y saber inglés, ya puedes trabajar con maquinaria pesada. Pero sabiendo lo imprescindible, hay que tener en cuenta muchos otros factores a la hora de fijarse en un empleado en potencia.

    Conviene hablar de la experiencia laboral. Es indiscutible la importancia de la experiencia en cada trabajo. Siempre digo que la experiencia es un grado, pero no hace falta un grado para tener experiencia. Es decir, aunque no tengamos los estudios universitarios (en este caso), podemos tener la experiencia necesaria, (aprendida por otros medios y por años de práctica) y ser igual de eficaces.

     Alejándome un poco del tema, es curioso como los veteranos de las empresas, tienden a infravalorar los conocimientos de los más jóvenes, y los jóvenes pueden haber aprendido mucho más en mucho menos tiempo. Es la percepción errónea que relaciona edad y buen hacer. Hay trabajos enormes y costosos que aportan menos que proyectos cortos y no muy difíciles, igual que hay jóvenes que saben mucho más que los veteranos, bien por las fuentes de las que han estudiado, bien por las personas de las que se ha rodeado, ¿no?

  Como broche final, pienso que vivimos en un entorno dinámico, en constante cambio político y económico, conectados a tecnologías en continua renovación buscando soluciones lo más innovadoras lo más rápido posible, con el objetivo de adelantarse a la necesidad del futuro cliente adivinando cuál va a ser y cómo satisfacerla. Un título (una vez obtenido) por definición es algo estático. Después de obtener la querida acreditación, deberíamos continuar ampliando nuestro repertorio, que en este entorno vivir de las rentas es pan para hoy, y hambre para mañana.

Relaciones a distancia, ¿felices los cuatro?

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     Las fronteras del amor no tienen límites. Si según dicen ‘en el amor (y en la guerra) todo vale, más valen en ocasiones los billetes de avión.

     No podemos luchar contra los abrazos, el sexo, los besos; el deseo de hablar a los ojos (por skype no es lo mismo y lo sabes) y la sola presencia de quien quieres. ¿Qué nos queda en la distancia? Tirar de teléfono y de Internet, la correspondencia tampoco está mal (para quien las use).

     Internet, y con éste último, las redes sociales nos han puesto en contacto; nadie duda  de que Internet sea uno de los inventos del milenio. Ha sabido sustituir la presencialidad de muchas profesiones, las cartas, el teléfono, los faxes, la televisión, los cDs de música, los libros físicos, los modelos de negocios, la forma de comprar, permite congelar nuestros pensamientos (en formato digital) y subirlos a una nube para que podamos bajarlos de ella cuando queramos y donde queramos. Aún con todo, en lo que a las relaciones se refiere nada sustituye a la cercanía física. La pasión, al no compartir juntos las anécdotas, está condenada irremediablemente a ir menguando…

     Si ya mantener una relación cotidiana es difícil, la distancia añade más complejidad; son varios los hándicaps que se oponen a que las cosas funcionen, tres de los más importantes son:

     Él/ella conocerá a otras personas salvo que viva enclaustrada, cosa poco común, en su nuevo hogar. Estos nuevos contactos le proporcionarán, nunca mejor dicho, el contacto que tú no puedes tener con ella. Y entre eso, y que el roce hace el cariño se puede liar. Además, tú (desde tu localidad de siempre) también estarás sometido a nuevos estímulos. Claro que si no eres celoso/a…

     El dinero: no dará la felicidad… pero sí que la compra, y bien invertido, la crea. Es un impedimento a la hora de dar el paso a vivir nuevas experiencias juntos, como podría ser fugarse locamente al país adonde va la pareja y poderse mantener económicamente. Sin dinero estaremos limitados en casi todos los sentidos. Ya lo decía mi abuela: “Toma el billete y no le digas nada a tu madre, que te va a hacer falta, que todo en esta vida cuesta dinero”.

     El olvido. ¡Por Dios! Si se nos olvida el PIN del móvil que usamos cada día o la clave de la tarjeta de crédito o la contraseña de Facebook, twitter y del correo, olvidamos caras y olvidamos nombres que repetimos con frecuencia, ¿Cómo no se nos va a olvidar con el paso del tiempo la intensidad de aquello que sentíamos en un pasado cada vez más lejano, si no lo refrescamos? Al igual que en internet, hace falta ‘darle a actualizar’ constantemente, lo que en lugar de refrescar la web, hacemos lo propio con el amor. Y tampoco podemos vivir continuamente de los momentos pasados. Estudios demuestran que  “Borramos los recuerdos insulsos que compiten por sobrevivir frente a aquellos recuerdos asociados a hechos relevantes que pasan a asentarse en la memoria a largo plazo”. Con lo cual deducimos que cuando empezamos a olvidar la vida con nuestra pareja es que ha pasado tristemente a considerarse más insulso, menos relevante: Son recuerdos que, como árboles, se pierden en la inmensidad del bosque.

Compartir desde lejos lo más destacado de nuestro día a día está bien, pero seguramente compartas también conmigo que te está haciendo falta algo más.

     Con esto no quiero decir que no debamos  o no podamos mantener la relación a distancia. Al contrario. El amor a distancia se puede gestionar… y es precioso si funciona. Es más, hay parejas que estando en la misma ciudad… se comportan de forma similar a si estuvieran a distancia. Pero… ¿estamos dispuestos a dedicarle el tiempo necesario para seguir avivando con más fuerza un fuego que se tiende a apagar con más rapidez?

     Partiendo de la premisa: ‘vida (como madre) no hay más que una’ y de que es difícil la pasión perdure en el tiempo al impedirse un contacto físico, tenemos que meditar nuestra decisión de forma racional.

    Lógicamente si estamos tan a gusto con nuestra pareja que deseamos luchar lo que haga falta o si está claro que es la persona de nuestra vida es prácticamente una obligación intentarlo (penado en muchos países si no lo haces… no, no lo está, pero debería) y si no lo intentas, asume la cadena perpetua mental a la que posiblemente tú mismo te condenarás, aunque si es como la justicia real, seguramente en menos de 10 años esté todo olvidado.

Las dos fotos muestran las dos caras de la moneda.

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No quiero necesitarte, porque no puedo tenerte

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     Todos, quien más quien menos, han sido protagonistas de una experiencia compleja de contar, difícil de creer e inquietante de vivir. Una experiencia en la que alguien en quien quizá no debieras haberte fijado, parece haber anclado sus raíces en tu corazón; raíces que si las arrancas desangran y si no, campan a sus anchas apoderándose de ti.

     Muchos, sucumben ante esta dificultad y se refugian en una relación de amistad. Dicen que  “ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que muere de sed”, pero en ocasiones es la única forma de mantener cerca a quien ‘aparentemente’ no puedes tener… aún más cerca.

     Al igual que en la medicina se entiende el axioma “no hay enfermedades sino enfermos“, en un tema como éste también evitamos generalizar. No todos los casos que se hacen llamar “amores “imposibles” lo son. Para nada. Por eso, antes que “amor imposible” prefiero el concepto “relación arriesgada” o “relación difícil” pero no imposible, porque sabemos que TODO puede pasar gracias a la suma de 1) la magia de la aleatoriedad y 2) la búsqueda a conciencia, ¿no es cierto?

      Lo primero, ¿es un amor imposible aquel en el cual el sentimiento lo comparten ambas partes o se trata de algo unidireccional? Si nos referimos a un amor unidireccional, al hilo de lo que viene después, en general valdrá la pena lanzarse a la piscina (siempre que sea posible), y ya más tarde comprobar si estaba llena o vacía (más que nada para poner en conocimiento a la persona “amada” de la situación, ¡qué menos!, ¿no?).

     Luego, a su vez diferenciamos distintos tipos de amores imposibles: no es lo mismo una posible relación incestuosa, una relación condenada a la distancia, o aquellas otras relaciones donde la familia e incluso la propia integridad de tu vida se interponen (quién sabe si por diferencias sociales, políticas) o, ¿qué me decís de aquellos cuyas diferencias en el color de piel o su distinta religión les hayan impedido vivir sus sueños?

     ¿Un profesor con una alumna? ¿Un presidente con su secretaria? ¿Una adolescente que cae rendida ante el ‘chico perfecto’ justo después que éste empezara a salir con la aparente ‘chica perfecta’? ¿Tal vez me enamoré si soy hombre o mujer de una chica lesbiana o un chico gay, respectivamente? ¿Y si quien único ha estado ahí, en algunos buenos y, especialmente, en los peores momentos, es un cantante al que ni si quiera me dejarían tocar? ¿Y por qué no  el novio de mi mejor amiga?

     Seguro que para cada uno de los interrogantes, hay varias respuestas y depende mucho el contexto de cada caso. Por morboso e inestable que sea el sentimiento la Ley es que no hay justificación para hacer oídos sordos a tus sentimientos, salvo (claro está) que se ponga en peligro la vida (especialmente la de la otra persona). Podemos arriesgar la nuestra, pero no debemos jugar con la de quien queremos, porque digo yo que si quieres a alguien evitas que le pasen desgracias…

     Una moraleja común y certera en todos los casos que oímos, leemos y vivimos  es que si nos sentamos a esperar a otra vida menos compleja o a que el destino cambie la situación o a que las plegarias actúen sin más, no pasa nada salvo el tiempo.

   Hay una enorme distancia entre “sentir” ese tipo de amor y “llevarlo cabo”. Si pudiéramos conseguir lo que buscamos con esta otra persona, ¿llegaríamos al clímax de la felicidad o, por el contrario, duraría lo que un juguete en la nochebuena de un párvulo de bien y nos marcaríamos un nuevo objetivo?

      Algunos podrían pensar, que con las tecnologías disponibles hoy por hoy, no tiene sentido buscar algo difícil, puesto que las nuevas tecnologías son en las relaciones interpersonales, lo que la comida rápida al hambre. Ambas consiguen saciar nuestro apetito rápidamente y a ‘bajo coste’. Luego… ¿por qué complicarse tanto teniendo una gran variedad SIMILAR (y ése es justamente el precio que tenemos que pagar, que NUNCA será IGUAL) a lo que nos parece imposible?

    Sin embargo, y en respuesta al párrafo anterior, todo apunta al morbo como principal responsable de que el concepto de “amor imposible” sea un tópico tan extendido. ¿Imposible? Nos marcamos límites y lo sabemos, ¿es realmente un ‘amor imposible’ o sólo nos gusta la sensación de que tengamos algo inalcanzable en un mundo en el que casi nada lo es? Reza el dicho “Dale a un humano todo lo que desea y será infeliz, pues no tendrá nada que anhelar”.

      Creo en líneas generales que de la palabra amor se abusa y no se dice enserio.

     Pero… cuando hay mucho que perder por tu parte, ¿nos dejaríamos llevar por nuestros impulsos arriesgando así nuestro poder, fama, o estropear nuestro matrimonio (cuando el amor está lejos de él) o con nuestros hijos. Como en casi todos los ámbitos, diversidad de opiniones. Muchos defenderán que lo darían todo por un amor así, cuando a la hora de la verdad esta valentía y esta capacidad de amar sólo están al alcance de unos pocos afortunados.

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“No quiero necesitarte…porque no puedo tenerte” (Los puentes de Madison)

Somos como niños

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A medida que crecemos se nos coartan más libertades, nos prohíben en gran medida decir lo que pensamos y, al vernos obligados a no ser nosotros mismos, cada vez somos menos espontáneos e ingeniosos. Por si fuera poco, cuando nos hacemos mayores muchos perdemos esa seguridad a la hora de expresarnos por temor al fallo, a parecer incompetentes, a no ser aceptados. Cuando eres pequeño simplemente se da por hecho que no tienes por qué saber de casi ningún tema.

Es justamente a base de ataques directos a nuestra autoestima y a desplantes como cada vez nos hacen más sorda y más borrosa esa parte de nosotros divertida y ocurrente, creándonos el concepto de “la vergüenza” que de niños no tenemos, adquiriendo una seriedad innecesaria y que no sólo es menos productiva sino que nos hace más infelices. La libertad plena realmente sólo se posee en la niñez.

Es la propia educación la que nos modela,  modula nuestro cerebro, nuestra forma de pensar y en gran parte extermina esa parte de nosotros que antaño fue libre, a modo de una desafortunada conquista. Se me ocurren pocas cosas más penosas que ver y experimentar cómo es la propia conciencia que te han creado la que te impide decir algo porque llanamente “no toca”. Pongo un ejemplo: En lugares en los que no nos sentimos a gusto, como en reuniones pesadas nos gustaría manifestar malestar y por ejemplo, levantarnos e irnos o bostezar. No obstante ya es tarde, te han enseñado que hacer esto está mal visto, que es de mala educación y lo que probablemente no has tenido en cuenta es que también es de mala educación aburrir a los demás, como señala Pablo Motos en sus frases célebres de niños (muy recomendable).

Casi todas las conversaciones que escuchamos en el día a día son previsibles y predecibles, como si  estuvieran destinadas a producirse, como si de un guión poco elaborado se tratase. Encasillamos a las personas porque nuestra mente nos la han reducido, es más cerrada. La puerta que antes estaba abierta, en muchos casos nos la han cerrado, o con suerte nos la han dejado entreabierta. Sin embargo, cuando sacamos al niño que llevamos, podemos decir algo imprevisto, algo que descoloque, inesperado. Un pasadizo secreto en un aparente callejón sin salida. Y suele ser mágico.

Ahora les invito a pensar: “¿por qué reímos?”. Esa sensación que se produce cuando nos encontramos con algo que de algún modo, no lo esperamos. Pensad en eso, porque casi todas las cosas que oímos de forma rutinaria, nos cansan, nos aburren, pero cuando alguien mezcla los reactantes de ingenio, espontaneidad y algo de sentido, el producto no puede ser otro que la risa. 

Los escépticos que piensen en cuando vemos en la tele o vamos al teatro a ver el monólogo de un humorista. No obstante, es lo mismo exactamente, aunque podemos ir predispuestos a reír por el contexto en el que nos encontramos, el momento de relajación, la compañía, el cosquilleo lo encontramos cuando el humorista nos expone un tema cotidiano de una forma en la que no habíamos pensado, nos lo comenta de una forma en que nunca antes nadie lo había hecho y con un lenguaje no verbal llamativo, y sobre todo estamos siendo influidos por la irradiación de felicidad del entorno, que indiscutiblemente se transmite.

Nuestra infancia es la mejor parte de nosotros mismos. Son los estudios los que demuestran que si algo te hizo feliz en la niñez, aunque conscientemente no lo recuerdes, cuando revivas el momento, lo harás de una forma placentera y desenfadada. No nos engañemos, nadie quiere estar serio a no ser que esté enfermo (mentalmente hablando).

Y no sólo hablar, también reír, mirar y soñar como lo hace un niño, su inquietud, sus ansias de aprender a toda costa y la facilidad para transmitir felicidad es algo contagioso.

Esa carcajada sin flema, sana, desde lo más profundo de nuestro organismo. Recientemente, en la Universidad de Maryland, se descubre a la risa como un <<balbuceo lúdicoinstintivo, contagioso, estereotipado y de control subconsciente —o involuntario— que raramente se produce en soledad>>. De esto último concluimos que la mayoría de las veces necesitamos de alguien con quien reírnos, e incluso de quien reírnos y eso no excluye a su vez, los beneficios de reírnos de nosotros mismos, especialmente en presencia de alguien  (qué razón con lo de que compartida, la vida es más)..

Con humor y positivismo las dificultades son menos complicadas y los momentos malos no harán nunca sombra a los buenos.

Porque no lo olvidemos, al final todo es un “juego de niños”, y la regla del juego es que el que mejor se lo pasa gana.